Olvidé cómo llegar a mi casa y hacer las cosas que más me gustaban.
Cómo abrir el computador, buscar inspiración y construir con ella una nueva casa.
Tomar un lápiz y pensar con trazos y palabras, colorear mi el alma.
Olvidé cómo imaginar mi cuerpo, cómo mover mis manos. Cómo mirar el techo del cuarto y encontrarle formas a las nubes grises y rosadas. Cómo bailar y sentirme culpable, y después quedarme dormida con el computador como almohada y despertar asustada con la espalda desencajada.
Olvidé cómo escribir lo que sentía, cómo hablar con las personas que habitaban mi pequeña morada ficticia en la telaraña. Primero es una H, luego una O, le sigue la L y le toma la mano la A. Y luego sin vergüenza o quizá si, con bastante vergüenza, gritar lo que pensaba. Lo que me pasaba, lo que me inventaba.
Olvidé cómo mentirme a mi misma y hacerme creer que perseguía sueños, cumplía metas, escalaba montañas, construía hipótesis de mi futuro ideal, me creía dichosa, única, bondadosa.
Te olvidé a ti, abrí una llaga con una cuchara bien afilada, cavé un hoyo en mis entrañas y allí te escondí para siempre. Y ahora no se cómo recuperarte, te escondí tan profundo, en la entrada solo se dejan ver unas tristes marcas y no hay conjuro alguno capaz de borrarlas o perforarlas.
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